MDR- Muerto de risa

Los payasos han condenado a uno de sus compañeros a la pena capital para detener la propagación de un virus letal, la Risa.

Buscan un lugar donde llevar a cabo la ejecución pública, un espacio que les permitirá convivir con la hilaridad desde una percepción liberada de prejuicios, sincera, áspera, pura y dura.

Una farsa inspirada en los ajusticiamientos públicos.

Un crimen improbable, un juicio dudoso y un castigo absurdo.

Lo que no han previsto es que su naturaleza torpe e indómita, así como sus ganas y su necesidad de divertirse, los despistarán del propósito repetidamente y tendrán que encontrar las herramientas o situaciones para llegar de nuevo al difícil momento que han venido a perpetrar.

La risa es la materia mortal y el motor del espectáculo. Provocar risas significa que hay peligro de muerte.

Una serie de ejecuciones fallidas, muertes, situaciones delirantes y engañosas, donde será difícil descifrar quién es víctima y quién es verdugo.

La verosimilitud convivirá con el juego de la farsa. Todo es un engaño.

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El ajusticiamiento del artista nos interpelaba por el amplio desajuste de arbitrariedades que nos afectan como humanos y como sociedad.

La pena de muerte, el hecho más fulminante. Es la voluntad de borrar la capacidad de admitir el fallo del sistema.

La pena capital se presenta como una herramienta para borrar personas.

La discriminación de género, la incomprensión con los refugiados o los integrismos religiosos atizan la pena de sentirnos chafados por el capital y la lenta y penosa muerte que provoca.

El espacio de obras de construcción para representar la obra teatral. Las obras al servicio de la devastadora especulación son mortales. Son una pena. Toda pena o condena es una lenta muerte de pena.

Al final, quizás, paradójicamente, acabaremos provocando el deseo de morir de risa, aunque sea para confrontarnos y hacer frágil el sistema.

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